Joan Leyba

Joan Leyba

“Preciso era, también, mantener presente el fantasma de la invasión”. José Francisco Peña Gómez en una cita a Hugo Tolentino Dipp.

En una sociedad de escasa identidad ideológica como la nuestra, y donde el odio ha sido y será por largo tiempo caldo de cultivo para las arengas políticas de intelectuales patrioteros. Difícilmente pueda penetrar en la psique criolla, la sagrada idea de que los hombres, sin importar rasgos culturales y antropológicos, clase social y/o ninguna otra condición que nos haga parecer diferentes, ante las normas tanto nacionales como supranacionales, tenemos, afortunadamente, el mismo valor sin obviar las razones históricas y económicas que crean la necesidad de irrumpir en territorios de forma irregular.

La referencia más próxima a esa deformidad sociocultural y eminentemente antihumana, podría haber sido sembrada muchas décadas atrás, pero abonada en 1937 con la peor masacre que haya existido en Quisqueya en contra de personas, por el solo hecho de hablar, pensar y ser distintos a nosotros. Una desgracia social, validada 76 años después con un mamotreto judicial denominado Sentencia TC 168-13, conocida por muchos como un aborto jurisprudencial que exagera el tiempo y cambia acepciones etimológicas para socavar derechos fundamentales adquiridos, y sostener ideas radicales en contra de un pueblo pobre.

De ahí en adelante, todo lo que signifique regular el tránsito de nuestros vecinos y/o el establecimiento de una sana y justa convivencia social, sin que sean vulnerados sus derechos y los nuestros, se convierte en discurso político con tintas discriminatorias y provoca un hormiguero de opiniones racistas en un pueblo de negros con una vocación ridícula a pretender ser blancos.

Abordar el tema sin que desborden las causes de las pasiones, es un tanto más complejo que entender la aptitud xenófoba de la clase económica, políticamente dominante y la inclinación febril a aborrecer todo aquello que provenga de Haití, excepto el dinero producto de sus turbios negocios. Las mentes descabelladas que pretenden sacar filo político a la situación actual del tema haitiano, sembrando enemistad entre dos pueblos hermanos, carecen en su mayoría de argumentos sustentables, y hasta ignoran la importancia que tiene el vecino para nuestras retardadas relaciones comerciales internacionales.

La negación por parte del ejecutivo del Pacto mundial Para la Migración Segura, Regular y Ordenada, más que pretender evadir las disposiciones que puedan contrariar nuestras normas, es la sumisión total a ese grupúsculo y sus ambiciones económicas con las que saca más beneficio al desorden, que al ordenamiento migratorio propuesto por el pacto. Posiblemente, por lo lucrativo que resulta, mantener en condiciones de esclavitud una mano de obra que sustenta buena parte de nuestro Producto Interno Bruto.

Por la manera en que hemos respondido, parecería que el pacto solo beneficia a los haitianos y se olvida, y esto es mucho peor, que República Dominicana ha exportado en los últimos veinte años una cantidad importantísima de criollos, que igual que nuestros colindantes, vieron sucumbir sus esperanzas de vida en su tierra natal. Y apostaron, como la mayoría de pobres en la región, a la construcción de un estado de bienestar ausente en este país, y que ellos también serán beneficiados con el cacareado Pacto para la Migración Segura, Ordenada, Regular, propuesta por la ONU, no obstante aquí optemos por ignorarlos a todos.

El pacto, podemos asegurar, no tiene opositores por ser violatorio a nuestra soberanía, sino porque establece garantías de derechos a los migrantes. Y si en algo hemos sido efectivos por muchos años, es en la negación rotunda de los derechos que como personas, en condición de refugiados económicos merecen los haitianos. Y los habrá, como siempre, los que se ufanen de humanitarios en casos especiales, desconociendo aquella frase de Friedrich Nietzsche que reza: “Lo que vosotros dais a vuestro amigo se lo doy yo incluso a mis enemigos, sin que por ello me haya vuelto más pobre”.

“De vuestras amantes penas,

a sus libertades alas

y después de hacerlas malas

las queréis hallar muy buenas”.     

                      Sor Juana Inés de la Cruz (Redondillas)

El abordaje político sobre un tema sensible para el establecimiento de la paz social por parte de las autoridades que directa o indirecta describe su función, resulta vinculante con la protección y preservación de los derechos de la persona humana y en el caso específico de la mujer. Debería, por lo que significa para el desarrollo de la familia, núcleo por excelencia del espectro social, ser parte de la agenda del gobierno actual. Y, enviar una señal positiva a favor de las miles de mujeres que por falta de un sistema de prevención efectivo, pudieran, como otras tantas, perder la vida en manos de sus parejas o exparejas.

El Estado Dominicano y el gobierno de turno han sido cómplices de las desgracias que tienen que atravesar cientos de familias por la pérdida de uno de sus miembros. Desprotegiendo a las víctimas y colocándolas en situaciones de riesgo y vulnerabilidad frente a su agresor. Las empuja al vació con sus mecanismos de revictimización que nos dejan una estela de disconformidades producto de la incorrecta aplicación de normas y dispositivos de control en materia de violencia de género e intrafamiliar y prefiere acumular, como es costumbre del PLD, en un receptáculo numérico los sentimientos zaheridos de la gente convertidos en estadísticas.

Las cifras, en su mayoría maquilladas por los organismos cuya misión radica en la absoluta aplicación de la ley, deberían ponernos a pensar y revaluar las fórmulas utilizadas hasta ahora, para lograr una disminución significativa de los feminicidios como producto final de la violencia machista en contra de la mujer.

No ha habido forma de que las autoridades entiendan que mientras no se elaboren y ejecuten planes derivados de la concreción de políticas públicas diseñadas para revertir el proceso de degradación de la familia, y se invierta en una educación preventiva, dirigida en todas sus partes a la detección temprana de los abusos a que son sometidas a diario las féminas por parte de sus cónyuges o relacionados. Tampoco será posible disminuir en forma gradual las muertes lamentables y evitables en la mayoría de los casos, de una cantidad de seres humanos cuyo único pecado es no contar con el amparo del Estado.

La misión del gobierno como administrador del Estado, va más allá de una publicación en los medios de comunicación y traspasa las fronteras de una simple opinión emitida por el presidente o el procurador, haciendo llamados vanos en vez de informar que se están creando las medidas para corregir ese mal que de una u otra manera nos afecta a todos y todas.

La misión de esas instituciones, radica en la búsqueda de una solución definitiva a la creciente ola de vulgarización, discriminación, desprotección y falta de orientación de la mujer, desde el seno del hogar, las entidades educativas, los lugares de trabajo y el sistema social integral en sus diferentes extensiones. Se debe regular un mercado misógino que produce riquezas, venciendo la imagen de que la mujer es una mercancía a la que se puede comprar y usar, como si fuera un objeto cualquiera.

El esfuerzo para reducir los actos de violencia que terminan en feminicidios, podría estar en manos de todos, pero la responsabilidad de la regulación del sistema que las hace víctimas y las eleva a cifras, reside en manos de las autoridades designadas por ley para ello. Pretender cambiar el curso de esa lamentable situación por medio de mensajes periodísticos o de redes sociales, es no entender que lo que hace falta es la correcta aplicación de políticas públicas, no de publicaciones políticas.

Los peledeístas se han manejado desde su arribo al poder de espaldas a la gente y muy alejados de las ideas que alguna vez sembrara en ellos, sin que germinara nada positivo, el oxidado profesor y líder político Juan Bosch. Pero adoptaron de él, rasgos característicos del ser megalómano. Y ven, como lo hacen los narcisistas con rotundo desdén, todo proyecto que se haya propuesto desplazarlos del dominio de las instituciones del Estado.

Las ínfulas con que han construido su trama histórica, van más allá de la lógica simple y les crean la sensación de ser infalibles frente a sus opositores. Por lo que, apuestan a marchitar indefinidamente las aspiraciones de un pueblo harto de robos y artimañas. Dejando de ser mera casualidad, la existencia de algún corifeo embriagado de poder, que se atreva contra todo razonamiento legal, a plantearnos la repostulación presidencial del ungido de Arroyo Cano.  

La suerte que podrían correr en la búsqueda vana de postergar a Medina, más allá de lo que plantea nuestra Norma Fundamental en su artículo 124 y el impedimento establecido en el vigésimo transitorio, que estatuye: “En el caso de que el Presidente de la República correspondiente al período constitucional 2012-2016 sea candidato al mismo cargo para el período constitucional 2016-2020, no podrá presentarse para el siguiente período ni a ningún otro período…”. Sería definidamente; la travesía más peligrosa en la que se embarcaría el PLD en los años que lleva al mando de la nación.

Dicho esto, entenderán por qué todavía pesa en mí la firme convicción, de que a los morados les resultará más difícil correr el riesgo de modificar nueva vez la Carta Magna para dar paso al endeble y desacreditado liderazgo del actual inquilino del Palacio Nacional, que crear bajo el manto de ese mismo esquema de corruptela, un “instrumento-sustituto” que vele, mantenga y proteja los beneficios que han obtenido en desmedro del pueblo dominicano, producto del mal uso que en provecho propio dan a los fondos públicos.

Confío, amparado en esa visión, que el danilismo o como quiera llamársele a la claque que hoy gobierna, perdió las expectativas de seguir montado en la ñoña, arropados en la figura del actual presidente. Porque, aunque exista la sospecha colectiva de la infausta pretensión de prolongar en forma perpetua al dictadorzuelo de San Juan, el hartazgo de la gente y la falta de confianza, son ingredientes poderosos que tienen que afrontar los alabarderos de Danilo Medina en un lapso de tiempo extremadamente corto.

No obstante la coyuntura actual, amerita la elaboración de una campaña propagandística que estimule las posibilidades de una reforma constitucional con miras a quitar el obstáculo antemencionado en el texto constitucional para que pueda el presidente correr en las elecciones próximas. Sin embargo, tengo la ligera impresión de que esto es otro divertimento de los oficialistas para mantener la oposición entretenida en asuntos insulsos y de paso buscar una salida airosa al atasco que les generan los casos de corrupción por los que menguó significativamente el liderazgo de Danilo; y buscar un “Delfín”, que unifique en torno a él las elecciones del 2020

Concluyo con la certeza, que no habrá manera posible de montar la reelección que algunos rivales del PLD temen, y que lo aprestos de los seguidores del presidente girarán en la búsqueda de una fórmula para mantenerse en el poder a sabiendas de que la peor carta la representa el propio Medina. Algo más que suficiente para escrutar entre sus presidenciables, uno que garantice en su afán de continuismo, seguir al mando del barco capitaneado por Danilo, pero sin Danilo.

Tengo manía persecutoria, siento un temor constante e insoportable, pero hay momentos en que me domina la sed de vivir y entonces tengo miedo de perder la razón”. - Antón Chéjov- para Leonel Fernández

En momentos en que el líder de la revolución cubana Fidel Alejandro Castro Ruz, se encontraba sometido a prisión por el régimen dictatorial de Fulgencio Batista en la hermana República de Cuba, a consecuencia del histórico asalto al cuartel Moncada, le sobraron agallas para expresar con contundencia y osadía una frase que le postergaría adjunto a su legado. Con ella tal vez conquistó luego, gran parte de los que arriesgaron sus vidas por la utopía de entonces y obtuvo espacios que pocos hombres en las Américas han ocupado. Esa consigna que, a nuestro juicio jamás podrá usar el timorato que alguna vez fuera “líder, maestro y guía” de la galaxia morada, todavía hoy resuena en los rincones de la vieja Cuba: “La historia me absorberá”.

Tres acontecimientos posteriores dieron lugar a lo que hoy conocemos como democracia en este pedacito de tierra a la que algunos sacando filo político, llaman patria: el asesinato de Octavio de la Masa, en 1957, la expedición del 14 de junio de 1959 y el posterior ajusticiamiento del tirano Rafael Leónidas Trujillo Molina el 30 de mayo de 1961. En todos esos eventos, primó el sagrado sacrifico de entregar todo lo que fuere necesario, incluso la vida a cambio del bien más importante con que cuenta un hombre, para que todos los hijos de Duarte y Luperón hoy viviéramos en aparente libertad.

Los tiempos fueron cambiando y los liderazgos también. Y en medio de ese interregno se extrapoló el fusil al discurso y las trincheras a los partidos, dando cabida entonces al líder tribuno y carismático, ese hombre de enigmas indescifrables capaz de conquistar las masas sin la necesidad de emplear otra cosa que no sea el buen uso de la oratoria. Esos procesos dieron como resultado a Juan Bosch, Joaquín Balaguer y, el más grande entre los grandes, José Francisco Peña Gómez. Ellos nos enseñaron desde el cénit de sus idearios filosóficos, la importancia que repercute en democracia, la conquista del espacio de poder por vía de los discursos.

La política, como ciencia perfecta al servicio de la gente, fue la fuente de donde emanaron otros líderes de igual o menor trascendencia, pero todos altamente comprometidos con la Historia y el papel que les tocó jugar en ella. Lo supo el propio Bosch en 1973, cuando ya no era posible construir su sueño dentro del PRD. Majluta en el 1986, a causa de sus diferencias con Peña. Álvarez Bogaert cuando vio amenazado su desarrollo político en las filas reformistas. Y el más reciente de todos, Rafael Hipólito Mejía Domínguez, quien creó a base de su liderazgo las condiciones para que iniciara el éxodo masivo del antiguo PRD a la nueva casa, el más importante instrumento de oposición en la actualidad, Partido Revolucionario Moderno.

La historia, en ese sentido, se ha encargado de juzgar como lo dijo Castro a los protagonistas de los hechos más trascendentales de las recientes epopeyas criollas. Ha colocado en su lugar las cosas y ha demostrado que al tiempo, por más que lo posterguemos, siempre le llegará su moméntum. Por esa razón, me atrevo a juzgar antes que ella, los actos deshonestos que en perjuicio de un colectivo que le es afín, ha realizado un cobarde impenitente, oriundo de Villa Juana que algunos llaman el León.

Leonel Fernández ha dado suficientes evidencias que lo hacen poco merecedor de los apoyos que la gente le entrega, a sabiendas de que ha sido el causante de las peores desgracias que al día de hoy atraviesa la clase más desposeída de este pueblo lleno de incautos. No ha sido capaz de descifrar, ni advertir un solo elemento sociopolítico de esos en los que el hombre de visión ha montado un relato, catapultando una idea que por demás está siempre ligada al interés del grupo que lo aúpa.

Las muestras están ahí, por eso quizá ha menguado tanto el liderazgo que exhibía a sus acólitos con la arrogancia de los dioses. Ha perdido la magia encantadora que lo unió a la ilusión de muchos. Y ahora sucumbe como perro hambriento ante las migajas de su rival interno con un montón de excusas que no justifican su falta de coraje. No lo tuvo después del 25 de mayo del 2015, no lo tuvo en la reunión del Comité Central y no lo tendrá jamás. Porque ha sido constante en la huida, así lo recordarán las futuras generaciones, como un medroso que después de ser líder, se convirtió sin aparente razón en la marioneta de un pichón de dictador llamado Danilo Medina.

Si algo ha definido el accionar de la oposición en estos últimos años y por lo que algunos piensan que es débil ante el gobierno de turno, es justamente por la falta de visión, la incapacidad de cohesión y el personalismo sin sentido. Así, visto lo anterior, se han perdido, en tiempo corto pero invaluable, la oportunidad de mostrar a sus afiliados y simpatizantes que tienen guáramo suficiente con que desplazar a la maquinaria morada, que por mantenerse en la papa, accede a todo tipo de prácticas. Desde la compra de conciencia hasta la mutilación de la libre expresión.

El tema que preocupa a muchos que estamos pendientes de las decisiones de los partidos en torno a los grupos de profesionales. Y que deja al desnudo, nueva vez, la incapacidad de un conjunto de atores dentro de esas maquinarias que tercian por dirigir uno de los gremios más importantes en materia fáctica en el quehacer político, nos presenta una conclusión clara para el futuro próximo. Es que, mientras no se corrijan ciertos vicios en la oposición, les será imposible generar la confianza en los ciudadanos para que estos les den la oportunidad de dirigir su destino.

Un caso lastimoso, pero que amerita una mirada sincera, despojada de prejuicios e intereses, es el caso de las elecciones de la ADP. Una entidad gremial de importancia capital que peligra en manos del oficialismo. Y que, por la incoherencia e incapacidad de diálogo que existe entre dos facciones del PRM, no se pudo concretar un acuerdo en donde no todos ganen, pero se incluya a la mayoría. Movidos quizá, por la visión mercurial de algunos y/o por esas rarezas que caracteriza a los peñagomistas de preferir al enemigo, que al hermano de siempre.

Al parecer, la recurrencia en esas prácticas erróneas e improductivas en materia de percepción, les generan a ciertas estructuras, dividendos que en nada beneficia al colectivo del que dicen ser representantes. Peor incluso. Todo apunta a la estrategia de la incomprendida, por el imaginario popular, la gatita de María Ramos, que tira la piedra y esconde la mano. Con el objeto inescrupuloso de causar desgracias a los más, en beneficio de los menos, para adjudicárselas a sus contendores internos y sacar desde esa lógica de carroña, ventajas políticas hacia adentro y hacia afuera.

Se sabe que pese a los esfuerzos de una comisión mediadora y a la disposición de uno de los bandos de llegar a un acuerdo justo. Por la intransigencia del otro sector, no fue posible que las corrientes gremiales de ese importante partido, acudieran unidas como un solo cuerpo en las elecciones del Comité Ejecutivo Nacional de la ADP. Dando muestra de su evidente discordancia entre el discurso y los hechos. Pues, si no hay capacidad para entenderse dentro, como rayos pretenden pactar con otros grupos foráneos.

No debe resultar extraño que después de pasadas las elecciones aparezca algún gurú de lo imposible, a plantearnos la tesis de la unidad, cuando se evitó a toda costa, por las mezquindades que caracterizan a los mediocres, que Xiomara Guate y Jacob Casado, por el bien de los maestros y por la unidad de criterios, realizaran un acuerdo que unificara, tanto a los maestros del PRM como los de otros grupos de oposición para sacar al PLD de la ADP.

Ya vencidos los plazos para una posible alianza entre todas las corrientes magisteriales de oposición, queda un único camino posible en medio de tanta incongruencia, seguir trillando la ruta que los haga entender que cuando se quiere ganar, no se debe apostar al sálvese quien pueda. Y a los que olvidan porqué gobierna el PLD, les recomiendo la frase de -Friedrich Nietzsche- que reza:“La ventaja de la mala memoria es que en muchas ocasiones se regocija de las mismas cosas como si fuera la primera vez.”

Como bien explica el diccionario del léxico hispano, tomo segundo. El político: es un versado en los asuntos del Estado y administración del gobierno. Si analizamos en su texto y contexto la palabra versado, sin la necesidad de acudir al viejo Larousse; como habría dicho mi querido maestro Roberto Aquino, para señalarnos a sus alumnos la necesidad de hurgar en los intestinos del idioma español, comprendemos que esto, por lo menos quiere decir amplia capacidad o buen manejo de la cosa pública.

Sin embargo; en sociedades como la nuestra, a las que eufemísticamente se les denomina (de tercer mundo) desde la presidencia de la república, hasta la de una insignificante junta de vecinos, hemos estado abarrotados de una especies de monarcas que implantando el inútil e ineficaz sello personal, han atrofiado el ordenamiento normativo y sistemático de los espacios de poder que les ha tocado dirigir. Cobijados a veces, en ser producto de una de una elección “democrática” cuasi siempre cuestionable.

Se sumergen, para no decir otra cosa; en el delirio de su magnificencia, la incapacidad de disenso; la exageración de sus “logros” el auto reconocimiento, el avasallamiento, la inoperancia y la extirpación de la divergencia. Esos pseudos héroes se constituyen muchas veces premeditadas y otras no, en absolutistas y temerarios dictadores o dictadorzuelos según el nivel del espacio que ocupan dentro del esquema de mando. Todo esto, al margen de los compromisos asumidos como grupo en pos del mejoramiento social y económico del espacio que representan.

Todos tienen un sello distintivo para declararse salvadores del sistema en que gravitan. La frase que los conduce directo al fascismo, comienza con ¡Yo soy!   Y termina con -yo fui-. Unos entregan el poder con resentimientos y otros solo con la muerte. “Mi contrato de arrendamiento con Paraguay es de por vida” -José Gaspar Rodríguez Francia-, dictador vitalicio de Paraguay. Un simple ejemplo de la megalomanía de seres de carne y hueso que los carguitos los elevan al cenit de sus fantasías.

Nuestro presidente, no escapa a esa realidad, su discurso es el mismo que enarbolan los especímenes que al ocupar un cargo se creen la gran cosa. Se auto asigna el derecho de pensar por nosotros y evade temas trascendentales para la buena convivencia social como los son: el alto costo de la vida, el precio de los carburantes, la subida de las medicinas, la baja calidad de la educación, la crisis sanitaria y el problema de la delincuencia. Evita hablar de corrupción, marca y lastre perverso de su administración e ignora que todos sabemos que él, es el director de la orquesta.

Danilo es, con su pose de ingenuo, la representación grafica del narcicismo criollo. Espejo local de los hombres capaces de creerse por encima del bien y el mal, y en su afán de desviar la atención de aquello que verdaderamente atañe a los dominicanos, utiliza como mecanismos, la distracción con temas constitucionalmente prohibidos y de difícil concreción. ¿El fin? seguir envolviendo al pueblo en sus patrañas. Por ello fabrica entrevistas complacientes y es notablemente incapaz de responder a preguntas que no se elaboren en las oficinas de Palacio.

Es un político totalitario; una maquina de destrucción que nos dejará una estela de deudas que nuestros tataranietos no podrán saldar. Acostumbrado ya al culto a la personalidad, se mantiene ciego, sordo y mudo. Olvida que más que construcción de parapentes, metros y visitas sorpresas, nuestra realidad es la falta de inversión en cosas probablemente pequeñas, pero con capacidad para lograr un verdadero desarrollo humano.

Pero a usted solo le interesa vender una imagen de todo poderoso. Por eso sus respuestas ante el teatro que montó el domingo por la noche, en más de cincuenta ocasiones giraron en torno al “yo”. Y es que los pichones de dictadores como usted presidente, borran de su léxico toda palabra que los vincule al colectivo. Esto no nos deja deudas, que a pesar de imposibilidad constitucional y fáctica que lo limitan para extender su mandato, el individualismo y el ensimismamiento político, lo llevan a creerse la voz que según Moisés representaba un ser divino y superior, pues al igual que usted la zarza ardiente solo respondió…   ¡Yo soy!

En los gobiernos morados se han suscitado  los episodios más alarmantes en materia de corrupción e impunidad. Así como hechos de violencia y delincuencia jamás registrados en nuestra accidentada historia. Aumenta  la degradación social y la atrofia integral de la familia, producto; y de ello no cabe dudas, de la falta de aplicación de políticas públicas destinadas a subsanar estos males, que no son más que el reflejo del aparato del poder en manos de carroñeros dispuestos a lo que sea, con el fin de enriquecerse y devorar inmisericordemente nuestros impuestos.

Tenemos, desgraciadamente, los números más bajos en reducción de la tasa de mortalidad materna e infantil. Los peores índices en calidad de la educación.  Uno de los sistemas de justicia mas inoperantes e ineficientes, para no decir inexistente. Somos el país del hemisferio que mas produce accidentes de tránsito, uno de los que manejan de forma más inadecuada sus residuos sólidos.  Nuestro sistema de aguas residuales solo es conjunto de palabras sin vida.  Y la vida; se hace cada vez más difícil de sostener en un estructura social diseñada para que los ricos, sigan siendo ricos y los pobres, siempre pobres.

Nuestra policía, sin que haya la necesidad de realizar un análisis profundo y enjundioso, da la impresión de ser una de las menos educadas y preparadas para enfrentar, como auxiliar de la justicia, de forma efectiva el crimen. Es aliada fundamental del delito y tan, o más delincuente que el delincuente mismo. El Ministerio de Defensa; solo sirve para que los militares corruptos de alto rango, se lleven entre las uñas el presupuesto destinado al mejoramiento de las infraestructuras físicas y la calidad de vida de los soldados.

Los Ministerios y direcciones, cuyas funciones es la protección efectiva de los más vulnerables, en su gran mayoría son entelequias y a veces  feudos económicos donde un agraciado coloca a los suyos para recibir los beneficios que les corresponden al colectivo para el cual han sido diseñados. El individualismo ha calado en la psique del dominicano y el morbo ha sustituido inexplicablemente la solidaridad que otrora nos caracterizaba, por la indolencia y la indiferencia. Perdimos la capacidad de asombro, de reclamo, perdimos el norte y nos están empujando por un derrocadero peligroso.

Los peledeístas desde que se instalaron en el poder han podido hacer de todo. Desde túneles, elevados, metros, Nueva York chiquito y teleféricos. Se pavonean con visitas sorpresas y el sofisma de la Republica digital. Pero no han sido capaces de  disminuir la brecha social que limita el acceso de los más desposeídos a los servicios básicos, cubiertos en otras sociedades donde el crecimiento económico es pírrico comparado con el de Valdez Albizu.  Han sido precursores en maniobras publicitarias para ocultar  el robo al Presupuesto de la Nación por parte de los suyos. Y han hecho de mi terruño un lugar de espantos, donde ni los muertos escapan al peligro que acecha.

Catorce años consecutivos al timón del Estado, poco menos de tres lustros anquilosados en una idea que perjudica al dominicano de a pie,  descuidando sustancialmente al hombre humano, un  concepto social por cual se crean las normas y se establece el ausente Estado de Bienestar. Catorce  años, uno tras otro, desafiando la generosidad de un pueblo guiado por la ruta de la ignorancia y desfalcando las arcas públicas. Catorce años de robo, impunidad, insalubridad, falta de agua potable y un sistema eléctrico deprimente. Y me pregunto al verlos con su afán de perpetuarse en el poder. ¿Continuar para qué?

Era principios del ocaso del día, sin embargo, los bravos rayos del verano, lo  hacían lucir en plena juventud. Chucho, como se le conocía en el barrio, cavilaba mientras se dirigía silencioso al enorme tronco seco que servía de asiento a los ocupantes de la casa, mismo  que junto a sus esperanzas yacía tirado al fondo del extenso patio.
Su estado de ánimo le colocaba entre la ansiedad, el miedo  y el inmenso deseo de poder llevar con una frecuencia aceptable,  unos pesitos a doña Mecho. Señora que le había criado desde el día en que su madre decidió ir al Este del país  en busca de una vida abundante que nunca pudo obtener; además de ello, soñaba poder estar a la vanguardia con los menesteres que este tiempo identifica a los muchachos del barrio.
Imbuido en esa mezcla de humores, era extraño ver como sonreía a la imaginación  de lo que pudiera tener un hombre que a pesar de muchas cosas, sueña con alcanzar una vida digna, esa que se forjan los hombres, y por la que terminan horondos al pensar que todo ha sido fruto de su propio esfuerzo.
No era para menos, pues hacía ya varios meses que el joven bajo  los influjos de la modernidad, animoso y deseoso de cambiar su vida, y, cubierto por el implacable manto del sol, caminaba como divagando  las avenidas y carreteras del gran Santo Domingo, irrumpiendo Centros Comerciales, Zonas Francas y todo tipo de empresas; tratando de conseguir lo que cualquier mozalbete a su edad anhela. “El  primer empleo”.
Las esperanzas fueron tantas como sus necesidades mismas, tan falsas como las ofertas colgadas en los diarios, tan lejanas del empleo, como su vida de la abundancia y tan falsa como los sueños de la gente cuya desgracia es negocio para políticos corruptos. Falso fue todo aquello que tuvo que recorrer el iluso lozano.  Falso como el Estado mismo, incapaz de enfrentar con políticas públicas de inclusión situaciones como esa y otras tantas.
Doña Mecho adornada con una paciencia envidiable y una sabiduría rica en experiencias, se notaba angustiada, pues no estaba acostumbrada a ver su crío merodear a esas horas el frondoso huerto. Le preocupaba la quietud que le acompañaba  al joven, notablemente distante, no obstante, su notable cercanía.
Chucho había logrado por fin una oferta de empleo. El  trabajo era sumamente sencillo, no había por qué estar preocupado. ¡Ánimo!  Se decía para sí, mientras calculaba los cuantiosos beneficios que tendrían él y doña Mecho después de que se afianzara en sus labores. Tomó un sorbo de aire, como queriendo con ello enfriar el fuego que alteraba su pecho, exhalándolo de inmediato, suave y delicadamente por las fosas nasales, cual si fuera un ejercicio de yoga.  Miró a su alrededor, mientras acariciaba su cara pálida y velluda; rememorando con añoranza los días de su niñez.
Tomó el bulto que se había preparado para la faena. Caminó apresurado al lugar donde lo pasaría a recoger el vehículo destinado a tales fines, miro atrás por un instante y pudo percatarse de una sombra viviente que no permitía a la luz penetrar por la puerta de su hogar.  Recordó de pronto que no se había despedido de su abuela, la que articulaba ademanes en señal de su amor por el joven.
Ya dentro del automóvil, y después de unos cuantos detalles que le esbozaba un compañero repetidas veces, en alusión a lo que tenía que hacer al llegar al lugar indicado, recibía unas cuantas herramientas que le servirían para realizar el trabajo con el menor de los inconvenientes. No apartaba de su mente la ilusión existente de saberse independiente, recién cumplido los dieciocho.
A cien metros del lugar de trabajo, se encontraba una joven que le entrevistó amablemente en una de las empresas dedicadas al comercio y en la que él, en los afanes de mejorar su vida había solicitado empleo. La reconoció y a seguidas, la bruma invadió sus ideas y apenas atinaba a escuchar, como un susurro la voz del entrenador  pasando balance a las indumentarias entregadas… ¿Capucha? Sí. ¿Guantes? Sí. ¿Soga? Sí. ¿Pistola? Sí. ¡Suerte en tu primer empleo!
“Nadie mejor para espiar las acciones de los demás que aquellos a quienes nada puedan importarle”. –Víctor Hugo-.
La sociedad dominancia se encuentra y con justa razón, por los eventos delincuenciales suscitados en los últimos días, y por el cúmulo de delitos sin respuestas oficiales, en una fase de ansiedad colectiva que no nos permite actuar en condiciones normales. Obligándonos a vivir encerrados en nuestra propia, débil y aparente libertad.
El estado de zozobra en que vivimos, adjunto a otros fenómenos que por su naturaleza, revisten unas características especiales para poder llevar una vida más o menos sosegada y tranquila en nuestro mal llamado Pacto Social. Es tal; que el simple ruido de un motor activa las alertas neuronales del más descuidado de los mortales. La delincuencia azota sin aparente control a todos. No existe en este momento una sola persona que no haya sido, que no viva con, o no conozca a alguien víctima de ella. Y deja paso a una estela de llanto, luto y dolor.
Preocupa, sin embargo, la tibieza con la que el gobierno aborda el asunto; a través de programas poco efectivos para el tratamiento de un espectro que se produce y reproduce justamente por falta de políticas encaminadas primero: a su disminución y luego a una posterior y adecuada intervención; con ello se crea la sensación de que eliminando físicamente al infractor, se elimina de golpe y porrazo el flagelo. Llevando a la población ávida de soluciones, muchas veces, a tomarse atribuciones propias de los órganos competentes para el tratamiento de la misma.
Por eso no debe sorprendernos que se haya perdido el sentido de humanidad, sensibilidad social y solidaridad que caracterizaba al dominicano de antaño, y, que existan quienes en medio de dichas creencias, hasta se gocen de ver a un ser humano tirado en el piso, a causa de disparos propinados por otro que a lo sumo también ha de convertirse, o  ya se convirtió, en delincuente. Todo por atravesar las mismas penurias que condujeron a ese mundo, al desdichado que yace tirado, sin alma… sin vida-.
No sería en vano entonces, resaltar para aquellos que amparados en una ignorancia construida desde los sistemas de control social, con la anuencia y la participación activa del gobierno. Que ni las cárceles ni las balas detendrán el ascenso progresivo de esta delincuencia brutal. Que ningún Estado ha podido reducir sus efectos sin las intervenciones socioeconómicas que busquen antes que nada, sacar de la profunda miseria a la gente. Que para hablar de reducción de delincuencia es necesario haber reducido primero la ignorancia y la pobreza, y con ellas todos los fenómenos que se derivan de las mismas.
La gente indignada pide sangre, pedimento que se refuerza desde los aparatos punitivos del Estado. Anhela, también,  la vuelta de un sistema donde impere el ojo por ojo y diente por diente, sin pensar quizá que esos hijos, podrían ser sus hijos. Sin tomar en consideración que quitarle la vida a alguien, aun cuando sea el más vil y ruin de los criminales, no resuelve por más que nos insistan en esa falacia, ningún conflicto social derivado de la escasez de oportunidades y la negación rampante de un Estado de Bienestar a los ciudadanos de los sectores marginados.
Todo apunta a la debilidad institucional, habitual en los estamentos públicos y por la falta de un régimen que en vez de buscar llegar a las últimas consecuencias, prime el origen del delito como fórmula básica para subsanarlo, que no habrá por lo pronto ninguna solución real. Ni un régimen de igualdad dirigido a eliminar “¿A quién? -para continuar con Víctor Hugo- A la miseria. Al hambre, al frío, al aislamiento, al abandono, a la desnudez. ¡Pacto doloroso! Un alma por un pedazo de pan. La miseria ofrece, la sociedad acepta”.
Y si no fuese posible lograr erradicar todo aquello que empuja a nuestros jóvenes a delinquir para subsistir, en medio de las calamidades a que han sido sometidos por los gobiernos irresponsables del PLD. Acudamos, entonces, al llamado de los insensatos que gritan por doquier, sin el menor de los remordimientos y sin mirar hacia los suyos. Y como si esto fuera entonces la panacea: ¡Matémoslos y ya!

Desde el año 1996 a la fecha, los discípulos del Profesor Bosch han gobernado de forma cuasi consecutiva dieciocho de los veintidós años trascurridos en ese lapso de tiempo. Sus desgraciadas y desafortunadas decisiones en lo atinente a la consecución y manejo de la cosa pública. Han sido y serán por mucho, las causas del derrotero moral y social por el que atraviesan una parte importante de nuestros “millennials” para adaptar el concepto de juventud a estos tiempos.

Desde que se instaló el otrora maestro, líder y guía de los morados, se inició una reconversión del modelo socioeconómico, con la aplicación de su incorrecta política neoliberal en un país tercermundista, que trajo como consecuencia, resultados nefastos para el desarrollo de aquellos que solo conocen la fuerza física como herramienta de trabajo. Y que dejó al amparo de la providencia a los hijos de nadie, huérfanos de un sistema sanitario adecuado, educación de calidad y otros programas sociales, necesarios para forjar una sociedad justa y equitativa.

Nadie escapa a la realidad traumática e interminable de estos años, que han servido para atrofiar el futuro de una generación entera, que a fuerza de crecer en medio de todo tipo de escaseces; no conoce otra fórmula de “ascenso” que no esté estrechamente vinculada al delito. Con el agravante, que desde el poder, se han generado las excusas necesarias para que delinquir se convierta en algo habitual y cotidiano. Y paguen con pena de cárcel o no, los de siempre, los hijos inmerecidos de la profunda injusticia social que nos caracteriza como pueblo

Con el patrón peledeísta, y, las aspiraciones de hacer de Santo Domingo un Nueva York “chiquito”. Empezamos a importar culturas y costumbres propias de los guetos norteamericanos. En donde la filosofía del marginado gira en torno a la idea del sub-mundo, que busca sin pensar en las consecuencias “Ser rico o morir intentándolo” a lo -Five ti cent-. Lo que provocó el abandono del campo para vivir en la urbe, repletos de esas carencias que adornan a los pobres por el mero capricho de los políticos irresponsables, sin las condiciones para saciar el hambre y la sed de crecer.

En esos casi cinco lustros que llevan con el timón del Estado, todavía no se ha, pese a los excesos de la parafernalia mediática con que se venden las bonhomías de estos gobiernos peledeístas, podido enrumbar el barco a un puerto firme, ni generar los cambios políticos que provoquen un ambiente social y económico favorables para las grandes mayorías. Hacinadas en las periferias de las principales ciudades, víctimas de insalubridades, faltas de servicios públicos y las penurias a las que parecen haberse acostumbrado a punta de pistola.

Probablemente, los habrá dentro del reducido aparato del PLD denominado Comité Político, dueños de inmensas fortunas, quienes apegado a su progreso inescrutable, nos quieran obligar a comprarles el discurso de que son ellos los únicos que pueden, por mandato irrefutable de los dioses. Dirigir el destino de todos nosotros. Aún los que afanosamente rogamos por el eterno descanso de su partido. Y a pesar de encabezar como país la mayoría de los ratings en bajos niveles de desarrollo, en salud, educación y vivienda.

Sin embargo una simple mirada a las orillas de los acuíferos que bordean Santo Domingo, Santiago, San Pedro de Macorís y otras provincias de iguales características. Nos sirve de radiografía social para determinar los niveles de desigualdad en que nos han sumido estos pretenciosos y vanidosos peledeístas. Amparados en aquel subterfugio neoliberal llamado libertad. No sabiendo que: “La libertad con hambre no es tal, porque el hombre con hambre es prisionero de la enfermedad, de la incertidumbre, de la miseria”. – José Francisco Peña Gómez-.

Mofándose sin contemplación de los incautos que preocupados se preguntan, al ver jóvenes y adolescentes, nacidos y criados en este sistema generador de desigualdades y promotor de antivalores, perpetrar actos que en otros tiempos nadie podía imaginar que ocurrieran en esta tierra de Duarte y Luperón. Absortos ante lo horrendo del delito. Procurando con empeño cambiar la situación de sus muchachos. ¿Quién tiene la culpa? a lo que vale la pena responder. ¡Leonel y Danilo, son los culpables!

Periódico Digital, Desde Santo Domingo, República Dominicana

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